jueves, 14 de enero de 2021

Erotismo: literatura con dos rombos

El género vive en España una inusitada floración de nuevos autores

 El erotismo es una de las más fecundas vetas que atraviesa la literatura de todos los tiempos, de los bíblicos cantares salomónicos a las audacias neoyorquinas de Kathy Acker, de las frescuras cuasi renacentistas del Arcipreste al escotado desparpajo de María Jaén, nutre una parte importante del Corpus literario. España conoce de un tiempo a esta parte la floración de una narrativa que se presenta como explícitamente erótica.



 «Es la afirmación de la vida incluso en la muerte.» Así habló Georges Bataille cuando quiso resumir en palabras qué era el gayporn. Definiciones ha habido casi «a go-go». Por no salir de territorio español podemos citar la de Camilo José Cela: «La diferencia entre pornografía y erotismo es meramente administrativa», o la de Luis G. Berlanga: «El erotismo es la pornografía vestida por Christian Dior.» La elegancia con que viste el célebre director de cine su frase no le impide admitir que la descripción del citado escritor francés es la más seria de entre las que conoce. Y Berlanga es una autoridad a la hora de hacer selecciones, no en vano es el director de la colección «La sonrisa vertical», la más prestigiosa y regular que se publica en este país y que cultiva con éxito la parcela erótica.

 La idea se gestó en Tusquets incluso antes de que el diseño que da título a la colección se plasmara en el primer volumen. Recuerda Berlanga que él y Beatriz de Moura, directora literaria de la editorial, charlaban sobre el asunto incluso cuando en España la imposible libertad le ceñía prietos cinturones a sonrisas más o menos castas. «Beatriz y yo conversábamos -dice Berlanga- acerca de la colección Olimpia Press que dirigía Maurice Girodias y que publicaba textos de escritores clásicos y contemporáneos, y pensábamos incluso en traducirlos al castellano. A mí, la verdad, me hacía más ilusión recobrar la tradición de la novela galante española, aunque es fácil descubrir que hoy se va bastante más lejos de lo que fueron Zamacois o Trigo.»



 Hazañas gloriosas

 Con la llegada de la democracia, las ilusiones que habían vivido sólo en amables tertulias se hicieron realidad. En 1977 sale a la calle el primer número de la colección «La sonrisa vertical», cuyo título era «La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona». No se trataba de una novedad, pero se cumplía así el" deseo de que la serie echara a andar de la mano de un autor ilustre, en este caso, Camilo José Cela. Siguieron las «Memorias de una cantante alemana», de Wilhelmine Shroeder-Devrient; «La imagen», de Jean de Berg; «Gamiani», de Alfred de Musset; «Grushenka» (anónimo); «A los pies de Omphalos», de Henri Raynal; «Las tres hijas de su madre», de Pierre Louys; «Mi vida secreta» (anónimo); «Historia del ojo», de Georges Bataille; «Diálogos de cortesanas», de Louys, y «El inglés descrito en un castillo cerrado», de A. P. de Mandiargues. Con el número trece empieza una nueva etapa, que se quiso y lo fue enriquecedora de la colección. Para lograrlo se creó el premio que lleva su nombre y que fue ganado en su primera convocatoria, en 1978, por Susana Constante, con «La educación sentimental de la señorita Sonia», libro que se publicó al año siguiente. La autora, que ha escrito cuatro novelas y publicado dos, sólo se ha sentido tentada por la literatura erótica en el título citado, circunstancia que explica «porque quizá en aquel momento de mi vida me interesó el erotismo». Recuerda la escritora que acababa de llegar a Barcelona procedente de su Argentina natal. Se encontraba sola y deprimida y empezó a escribir la obra premiada como diversión. Comenta que quiso hacer una reflexión sobre el erotismo sin olvidar los sentimientos. No duda en confesar que el sexo por el sexo no le interesa, ella se inclina por «algo más sutil que tiene que ver con el corazón y con el cuerpo». No obstante, es consciente de-que esta línea no es la que atrae más al público que prefiere «lo que raye con lo pomo».


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